Atada a los patéticos vicios de la adaptación social. ¿Por qué? Si yo sé que soy mejor que todo eso y que mi alma amurallada sólo pide salvación. De vos, nena, lo pido todo, lo quiero todo, nada rechazo. Yo me hago fuerte manchándome en mentiras. Pero la mutua salvación tiene que existir. ¿Acaso no es eso el amor? Todo lo abarca. Y yo me sorprendo nadando desesperada, anclando por momentos en tus orillas, y por otros, perdiéndome en simulacros histéricos. El drama que atrae pero termina por asquear. Nena, que no te vea vomitar cenizas ni rencores. Yo siempre te preferí cuando tu sonrisa se vuelve ventana al paraíso prometido. Ansío la poesía de tus labios. No es por nada pero a veces el fuego que me invade debe ser expulsado de mi cuerpo y siento tanta repulsión ante la ira del mundo. Y los quemo y me quemo. El aire es fuego en mi cara y en mi casa.
La seguridad y el amor por mí misma. Todo lo abarca menos mi debilidad con los vicios. No tolero un sufrimiento en el alma sin la necesidad del alcohol y las luces y los cuerpos sudorosos que detesto. Todo eso que detesto me enamora. Y soy tan hermosa. Y soy tan imperfecta. Y me amo y me odio y me mato y acá estoy. Debo dejarlo pero ¿cómo? Si no lo dejo ahora que no soy nadie no podré cuando logre todo lo que quiero lograr. Y eso tiene que ser pronto. No voy a ser mediocre como toda esta gente que se sienta a comer asado y a criticar a los demás sin haber logrado una puta cosa en su vida digna de reconocimiento más que tener hijos y agigantar sus panzas y sus culos. Amén. Save me my lord.
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