Y pensar que si hubiera algo creciendo dentro de mí, yo lo asesinaría. Y pensarlo mientras camino, con miedo, sin mirar a nadie. Y llorar al llegar a casa, porque llegué sana y salva, porque nada me ocurrió y nada ocurrirá.
Y levantarme, sonreír.
(Todo esto será mañana pero yo ya sé que lo será).
Congelaré el tiempo. No me moveré de aquí. Pero en cambio, los días se moveran, hacia ambos lados de mi cuerpo arraigado a mi casa solitaria. Los días viajarán y yo esperaré en silencio. Pero, ¿qué esperar? Si el tiempo está congelado en mi cuerpo, si no estoy contando los días sino los segundos, sino los instantes que se filtran por debajo de las puertas y se alejan para siempre. Los veo, los siento, los aprieto tan fuerte que saltan por encima de mis hombros y se van sin mirarme, sin buscar una despedida.
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