11.6.11


Un miedo innegable que me invade de repente y se apodera de todo mi ser, acá sentada mirando por esta ventana sucia y descolorida. Si se apagaran mis ojos, si ya no pudiera ver el color de las flores en los jardines y las sonrisas, ese rostro que por fin ya no me conmueve hasta el último hueso pero que un día y unos cuántos años también, hizo temblar mi mundo entero y mis pianos, mis hojas, mis sueños ahora sería una sombra más, una particula más de una nada perfectamente negra y vacía. Si no pudiera reconocer tu nuevo corte de cabello, tus muecas, si no pudiera notar que en tu dedo ahora se muestra vanidoso y amenazante un anillo dorado y me entregara dócil como de costumbre a los encantos de tus caprichos añorando tiempos en que mirarte era como alimentar a mi corazón con aventuras irrealizables, aventuras de almas, de estrellas, de cuadros inexplicables.
Si ya no pudiera dar ese vistazo fugaz cada vez que cruzo el puente, a los autos que se alejan y se transforman de repente en pequeñas luces divertidas. Si las nubes rosadas por las mañanas después de una tormenta, solo fueran un trozo más del manto de oscuridad que me cubre. ¿Que sería de mí si ya no pudiera apreciar un atardecer?
Ay de mí, por favor que este miedo no se transforme en realidad, que mis lentes de esperanza continúen dándome dichosos sin preguntar lo poco que anhelo y me reconforta en esta vida: la belleza del mundo.

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