Oh juventud divino tesoro
te irás un día y nada quedará
será tierra árida e inservible
será la mirada más triste que jamás existió
Pequeña y dulce perla que oculta sus filosos colmillos
si me pudieras cuidar con tu abrazo hasta el fin de los tiempos
yo saciaría gustosa con cicuta a mi sed de amar
yo viviría dichosa, por siempre anesteciada
Pero si nada de esto te pudiera conmover
si es imperiosa la fugacidad de tu viaje
y tu muerte se torna inevitable
entonces moriré yo contigo
moriré yo a tu lado, gélida y feliz
y será la mirada más triste que jamás existió.
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