7.5.11
Unos días que no aguanto más y me caigo y me levanto de un salto mortal que me quiebra los tobillos. Instantes que salvo mi cuerpo y lo reconozco, quizás hasta lo quiero y de vuelta no, de vuelta lo odio y lo quiero pinchar con alfileres y quemarme hasta ahogarme en mis propios gritos y jadeos inútiles. Revivo y me olvido, me descubro nueva y recién nacida en un colchón duro y repulsivo, no me puedo mover del todo y en sueños corro sin poder hacerlo, grito en silencio y lloro en este desierto seco. Instantes que sonrío y soy una idiota vestida de princesa, cada respuesta es una nueva pregunta, cada virtud esconde una angustia y yo sé, yo lo sé todo, yo sé caminar pero igual me caigo y estoy cayendo en un pozo sin fin y sé hablar pero estoy muda, incapaz de decir nada, de tocar, de sentir, de amar. Y cayendo, perdida, muerta quedaré sobre una nube que me sostenga por un tiempo indeterminado hasta que vengan los señores sombríos a recoger mi cuerpo inservible, vacío, asqueroso, que supo sufrir el placer y destruír su misma existencia hasta emerger por los poros dilatados y bañado en sangre oscura. Y bajo el sol mi sonrisa hermosa, fría, blanca eternamente dibujada, recordando momentos de paz efímera y huellas en senderos en que supe perderme, encantada de no encontrar una salida que me traiga de nuevo a este trono de plástico viejo, estático y vulnerable. Detestable visión de un futuro inexistente, de un dolor melancólico inextirpable, instalado en el núcleo de mi torpe ser.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
copos de azúcar