A veces siento que todo es tan frágil, que cada pieza que compone este sistema funcional de mi existencia es súmamente necesaria e irremplazable, que si una de esas piezas se cae todo se desmorona, el pasado, el presente y el futuro se vienen abajo y yo exploto finalmente y puedo respirar entre lágrimas de sal, feliz entre las ruinas de la eternidad. Feliz de no cuestionarme más, de no analizarme, de ya no programarme. Pero hoy no es uno de esos días, hoy siento que nada de nada tiene un cambio posible, que necesito un proceso de adaptación aún más intenso y efectivo. Siento que ya es tarde para aprender a reír, a llorar. Estoy siendo extremista pero robotizada hasta para escribir.
En un momento en que jugué y perdí, y debí humillarme pero resurgí y evolucioné o tal vez todo lo contrario, fui el papel y direccioné el camino de la obra en sentido opuesto, de afuera hacia adentro, perdiéndome a mí en mí.
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