14.3.11



En tiempos de ceguera autoprogramada, de simulacros de contacto, de caminar todos apurados sin tener muy en claro a dónde se quiere llegar. En tiempos donde el silencio es censurado y reemplazado con ruidos inentendibles, donde la soledad es reconocida en ese propio ruido, en la trivialidad de los encuentros y los compromisos, de las posturas y fundamentos de bolsillo. Son tiempos difíciles para conocer, para aceptar, para buscar. Y en estos tiempos de incondicionalidad cybernética a mí se me ocurre verte, ver así tan pura tu alma e intentar acercarme, rozarte, amarte. Yo, que todo lo busco menos un vos, y solo te encuentro, en mí y en todo, siempre en todo vos, en silencio vos, sonriéndo vos. En estos tiempos en que sos aliado de las circunstancias, ventajero de la pobreza de tu propio espíritu, a mí se me ocurre venir a inventarme un poder que no tengo, el poder de llegar hasta vos y abrir las ventanas, dejar entrar el aire y el sol, dejar que caliente tu cuerpo y que se escuche tu voz. Dibujar tus ojos como dos puertas al cielo, ilustrar tus sentidos, despertarte y despertarnos así, anacrónicos e inadaptables, renegados por placer, por amor. Expulsados, felices, dorados. Amantes, latentes, vivos. Despiertos.

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