17.2.11

Verano tardío

Ya es tiempo de contar cómo conociste a un niño y lo has hecho oh! madurar .
Me acuerdo, eso cantabas, como siempre que vas a buscar algo a la cocina o al comedor, deslizándote con gracia entre mis muebles que jamás te van a gustar por estar ocupando el espacio inútilmente y por causarte muestras de torpeza en los pies. Hay veces que ni me acuerdo que vas a buscar y no es por estar volviéndome viejo y fallarme la memoria, aunque la verdad es que no me importaría que así fuera pero no, no es por eso que me olvido lo que vas a buscar, es por que no me interesa; yo te veo toda suave y etérea, con cuerpo de nube y ojos de estrella, tan absorta en tu tarea de maravillar y deseo que se prolongue tu búsqueda, que no exista el objeto requerido en cuestión y que te demores contenta, siempre contenta y cantando y jugando con el aire, como si mi casa no fuera una casa y fuera un campo imenso y el techo no fuera un techo y fuera el cielo. Y sin quererlo me trasladas a mí a ese campo, me siento un niño de nuevo sin problemas de memoria ni ganas de dormir todo el tiempo, solo ganas de mirarte y esperarte paciente. Siempre me acuesto pensando que me gustaría soñar con ese campo y ese cielo, y con miles de objetos escondidos y necesarios entre los yuyos, las cuevas de los buhos, las rocas y el sol. Pero esa noche ni nunca soñé con nada parecido, o sí pero no me acordé al día siguiente cuando viniste con el té quejándote de la cómoda negra del comedor y un dedo hinchado, con el pelo suelto y un aire de cansancio que no te conocía y supe que algo que me encanta es conocer cosas nuevas y sobre todo si son tuyas. Y en el fondo yo sé y siempre supe que querrías vivir en una alfombra, con una estación de radio cerca que nos prestara melodías en las tardes y un depósito de velas como únicos vecinos, que te gustaría que no leyera los diarios ni entrara nunca en razón, que no pelearamos por cosas del mundo ni nada de todo eso que está flotando en el aire de nuestro amor y muchas veces no nos deja vernos del todo. Y en el fondo vos sabés que yo te admiro por querer tantas cosas y olvidar tan pocas, por no saber caminar apurada ni guardar para mañana nada más que recuerdos y café, por hacer poesía del arroz con leche de los domingos de calor y por ir a buscar a la cocina cada noche, cada día quién sabe qué..

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