30.7.12

Tanto discurso en vano. Palabras, puras palabras. Digan lo que digan, nunca me alcanzan las palabras para describir exactamente cómo me siento. Y me dicen que leyéndome me ven el alma. Mentiras. No me ven, no me sienten toda entera, toda sincera, toda alma. Me ven siendo yo cuando al segundo ya no lo soy, una esencia que se esconde y se dobla para luego desplegarse y mostrarse ante cualquiera que me quiera prestar atención por un rato. Indefinida. Soy tantas cosas sin nombre. Detesto los adjetivos. Preferible decir sol que decir caliente. Preferible decir amor que decir eterno. 
Qué calmado que está todo en mi interior. Tranquilidad recuperada en unos pocos días de libertad nueva. No siento deseo alguno de volver a caer en vicios ni salidas fáciles. Mucho menos de escuchar palabras vacías que no significan nada para mí. Ya no. La gente es tan... gente. Y yo soy tan bichito, tan perrito, tan cosa que no es persona pero tampoco es polvo, al menos no por ahora. De cualquier forma, sentir todo tan profundo y desgarrador me hace estar más viva que todos ellos. Mis métodos de defensa de la infancia se esfumaron y es tan raro ser tan débil pero fuerte, tan frágil pero indestructible. Nada va a cambiar mi mundo. Nadie. Y no es egoísmo, no es enojo, no siento deseos de matar, de gritar, de salir, de deambular, de perderme en siniestros callejones que me conocen toda entera, llorando, sangrando, ellos son los que mejor me conocen, esas calles que no recuerdo pero que pisé firmemente, enojada como una nena sin capricho cumplido, escondida en la mentira de tomar las riendas de mi propia vida, de ser grande, de hacer lo que me plazca, de cogerme a quién quisiera verme desnuda y dispuesta, mentir, siempre mentir, fingir desear algo que me repugna y me hace vomitar sangre. Maldita costumbre abandonada. Ya no soy esa. Lo sé, lo tengo tan claro que asusta. 


Mi cuarto-casa. Mi colchón que vuelve a ser sólo mío. No voy a ordenar, me vale madre. Que feo que quiero leer y en realidad me termino yendo por mi mente y sus laberintos imposibles. Y escribo mal porque quiero hacerlo, carezco de talento alguno o eso creo y debería venir alguien a gritarme que haga algo con todo esto que escupo y nadie lee. Estoy confundida, pero tranquila. No voy a hacer nada que no quiera hacer y tampoco reprimirme, no es el momento de hacerlo. Ya lo hice durante un buen tiempo y no sirvió de nada. Fui de tantas formas diferentes y ninguna sirvió. ¿Cuál es la verdadera? Lo único que podría definirme son los impulsos, caprichos. Aunque en verdad.... Bien en el fondo, soy tan pura, tan inocente, tan confiada. Espero siempre lo mejor de todos y escucho, paciente escucho. Y ya no traduzco. Aprendí a hablar los idiomas de los corazones que se atreven a abrirse para mí. Tanta belleza. Belleza en el caos, belleza de verdad. Yo, la hermosa, la dotada, la poderosa. Pero la chiquita, la mimada, la que no-se-merece-ningún-daño. La que no perdona. No sé perdonar. Ay papá nunca te voy a perdonar. Jamás. Gracias a vos conozco el odio, esas son cosas que mejor agradecerlas. Si no conociera el odio no podría conocer el amor verdadero en el extremo más puro. Y nadie se compara. Sos el malo de la película, el cruel villano que mata a la inocente nenita tierna. En verdad no sos nada. Te invento, te recreo, te olvido.
Qué extraño me resulta no extrañar a mi familia. ¿Cómo pudieron abandonarme así? ¿No desean saber cómo estoy? Tantas veces, tantas charlas, tanto todo. Tanta sangre. Prefieren no verme que conocer mis heridas eternas. Prefieren mirar a la pared. Inventarse una vida que no tengo. Inventarme problemas que ya superé. ¿O no? ¿Me estoy engañando? ¿Estoy fingiendo esta fortaleza? Quizás explote un día de estos y vuelva toda esa verborragia enferme de culpas y reproches. Deseo que no pase. Deseo ser fuerte pero suave, flor que se mantiene erguida pero ya corté mis espinas. No quiero lastimar, más culpas serían un peso imposible de sostener. La mochila. Mi espalda que me duele. Temblores. No tengo hambre en todo el día, si me obligan como, pero jamás deseo comer. Me perdonás todo. Increíble tanta benevolencia en un ser humano tan chiquito e indefenso. Todo lo perdonás. Y yo no sé perdonar. Te admiro, por eso te quiero cerca, de la forma que sea. 




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