Espera. Palabras que me elevan del suelo y me calman. Esas son las palabras que deseo oír, arrancar, adueñar. Algo me trastorna y no me permite dormir. Es el futuro. Mi futuro, el que yo proyecto. Estoy hablando sola mucho más que antes y no creo que sea ni bueno ni malo, simplemente me resulta inútil y no logro controlarme y dejar de hacerlo. Es inútil, vano, vacío, cenizas. ¿Para qué? Si todas las cosas que imagino al fin pasaran, no las disfrutaría tanto como lo hago en mi cabeza marchita. Entonces, ¿para qué lo hago? Nada es imposible pero yo soy muy estúpida al querer anticiparme sabiendo que el mañana es intangible. Tener sueños es hermoso, pero los míos sólo son un espejo de mis miedos infantiles. Deseo estar acurrucada y dormir sabiendo que alguien me observa y aleja los monstruos que me acechan por las noches y los días y las tardes y las lunas que desperdicio despierta y abrumada. Yo no bebí ese vino, no mentí... No fui yo, fue la otra, la desesperada. La soledad en las noches de insomnio. La exasperación incontrolable y los métodos sucios y nocivos de acallarla. Sin control. La sin control. Ella. Espera.
Todo va a cambiar en tan poco tiempo y es del tiempo de lo que hablo en verdad, de esa acumulación de segundos que perderé trabajando como todo el mundo y para qué, por qué, si mañana puedo morir o en dos horas también. Y repito, yo sé lo que debería hacer. Pero no. Pero no. Trabajar y estudiar dos carreras, ¿a quién quiero impresionar? Ya me aburrí de impresionar a mi familia, son de hielo y son lejanos. Un iceberg a lo lejos que me espera para destruírme en silencio y a la vez con gritos y risas y quejas que no comprendo porque yo no estoy aquí, no estoy ahí hablando con ellos y contándonles las cosas que desean escuchar: "Arranco la facu, a laburar, voy a fumar menos, voy a salir menos, va a ser un buen cambio, supongo" ¿Quién dice esas palabras idiotas sino soy yo, si estoy segura de no ser yo? Pero se filtran por mi boca y caen al vacío, se pierden en el aire pero yo las recuerdo y me tortura saberme la dueña de esas oraciones sin sentido. ¿Cómo decir una verdad profunda? Soy sincera, soy transparente, soy. Pero el escudo es de hierro. Nadie puede entrar a mi laberinto azul. Si, si. Alguien puede. Pero hay que convivir con todo el resto...
Y no está bien. Estoy bien por momentos. Me cuelgo por las lianas de mi selva fugitiva, me transporto por momentos al más allá del que tanto hablo, que tanto veo, que tanto sueño. Mi mundo inventado más real que cualquier cosa que haya en mi habitación, más real que las caras que me acompañaron toda mi vida. Me escapo y nazco fresca, pura, nueva. Danzo, canto, río, juego. Soy una niña, lo seré hasta el día de mi muerte. No quiero morir. Nada tiene que cambiar y sin embargo el cambio es constante. Risas. No me conocen. No saben de qué soy capaz, en qué pienso cuando los veo, de qué me río en silencio, por qué lloro. No saben. No ven. No trepan, no juegan. Y está muy bien así, está muy bien de la forma que quieran que sea, moldear la vida-plastilina como más lo prefieran, mientras el resultado les provoque risas sinceras todo estará bien. Pero hace tanto no veo una risa sincera...
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