17.2.12

¿Vas a cumplir tu tonta promesa, Camila?
Ahora que ya carece de sentido, como todo en tu vida.
¿Dejaré de llorar en algún momento? Sola no puedo. Debiste dejar que me mate. Debo saber que mi imagen en vos nunca será dulce como la primera vez. El tiempo no te concede una oportunidad.
Has perdido, Camila.
¿Estás contenta?


Y yo que sangro por todas partes y no salgo de esta casa repleta de cajas vacías y botellas viejas, que duermo entre papeles y cenizas, que en verdad no es dormir sino ocultarme en adicciones, que me pierdo en la ciudad, que deseo irme lejos, viajar, conocer el mundo, adorar rostros nuevos, hacerme de papel y luego un bollito y a la basura.
Un mes que será eterno, un llanto que será inútil entre tantas tazas de café vacías y caminatas nerviosas. Poco aire fresco, el calor que me fusila las sienes, los llantos de niños que no me permiten leer, los perros de los vecinos que deseo acribillar, las bolsas repletas de una nada que pesa, mis piernas que no van a ninguna parte, mi soledad.
Cosas inútiles, adornando mi desamor.
Deberías haberme dejado en la calle, semi muerta. ¿De qué me sirve la piedad cuando yo deseo amor?
Andarás ocupado bajo el sol que te pica en la nariz y mirarás mujeres que no son yo, que no lloran como yo, que no están enfermas como yo. Te enamorarás de alguna, tendrás colores, dejarás las ocupaciones porque ella sí valdrá el sacrificio. Y yo, que me pierdo hasta en mi propia casa y no trabajo, sólo pienso, sólo sufro y quién quiere al pobre perrito sarnoso en el callejón, quién quiere hacerse cargo de mis temores, y todo es mejor así, he nacido para estar sola desentonando con el mundo, ilusionándome con mañanas de piedad y culpas. Esto es el fin, mi fin, de ahora en más seré una cosa inútil más en la casa, un adorno desprolijo que nadie toma en cuenta, mis palabras son vanas, mis deseos se hunden en el lodo, mis súplicas, bah, patética, idiota mujercita derribada por una brisa, débil como el polvo pero hiriente como las cuchillas que atesoro.

Si no fuera por los sedantes de merde, seguiría leyendo all night long. Ya se durmieron mis extremidades. Les agradezco o al menos les debo mis respetos a los calmantes por detener mi llanto.
Pero seguiré leyendo hasta que ocurra un encuentro entre Hélène y Juan. Sólo entonces (luego del tercer calmante), dormiré en paz. Debe haber un encuentro, malditos personajes errantes y esquivos, maldito Julio que está muerto y no puede abrazarme más que con sus palabras de intelectual que reniega de serlo.
Debe existir un encuentro. En caso contrario, mi sueño será triste y olvidable, como todos, bah.

Y en la mañana hubo un encuentro, pero fue tan fácil para ella escapar como lo es para mí. Y fue tan fácil para ella morir...

Ay si hubieras dicho cualquier otra cosa yo te hubiera creído, pero recurrir a lo práctico, a las obligaciones, a los tiempos justo conmigo... que insensato, que idiota. Yo no sé del tiempo, de los compromisos. No pudiste destrozarme algo parecido al alma más equívocamente, yo no hablo ese lenguaje, fue como si me rechazaras en chino mandarín, yo atenta pero incrédula, sin comprender pero sabiendo que en mi idioma todo eso eran mentiras, sólo mentiras, discurso ensayado para no herirme, pobre tonto, tan equivocado, hiriéndome aún más con esa sutileza recomendada por las gentes comunes, las gentes que sí saben del tiempo y de salir y venir y no de quedarse mirando los dibujos que se forman en las paredes al retirar bruscamente una bandita de cinta adhesiva.

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