Que si me pongo a pensar en todos los momentos inconexos en que me sentí atada a la invisibilidad de tu recuerdo no termino más, no despierto más y podrían pasar años, siglos de vida y de muerte congelados en mi mirada perdida hacia adentro. Y ni siquiera era un recuerdo claro. Tan solo manchas borrosas que se entrelazaban haciéndome creer que eran certidumbre, que eran esperanza, que eran destino. Y después en la caída llego a volverme excepticista y odiar con toda mi alma la apatía que me provoca lo que en realidad amo, lo que en realidad deseo pero no puedo aceptar frente a nadie, ni siquiera frente a mí. Un disfraz constante que utilizo o creo que utilizo cuando en verdad estoy siendo cruelmente utilizada yo. Y no lo puedo ver. No lo quiero ver.
¿De qué estoy hablando? Tal vez ni yo lo sepa, nunca llegué a comprender realmente nada y utilizo tanto la palabra realidad que es la clara muestra de que me estoy creyendo una mentira tras otra con tal de aferrarme a un mundo visible para los demás, un mundo aceptable, un mundo normal. Un mundo falso.
Que a veces quisiera no estar aca ni poder siquiera notar lo que no llego a comprender. Ni siquiera palpar el vacío, la falta de aire. Si no existiera un problema no estaría buscando ninguna solución... aunque tal vez la falta de problema sea eso mismo que me perfora bien adentro. De cualquier forma nunca voy a terminar de saberlo y es el drama de todos: nunca sabemos nada. Algunos queremos, otros no tanto. ¿Ahora esto se va a convertir en autoayuda? dejate-de-joder-piba. Todo lo que detestás se termina acercando a lo que necesitás. Claro que este no es el caso, pero podría dar muchos otros ejemplos. O tal vez no podría, no, no quiero hacerlo. Acaso estoy soñando con cosas que no llego a comprender del todo y eso me hace enojar, quiero patear la pared y llegar al otro lado y en ese otro lado otro mundo, otro sueño en el que todo sea más comprensible o al menos mucho más real. Cercano a mi alma. Escribo como se habla, nada de esto tiene un sentido literario ni siquiera un sentido corriente de domingo por la tarde merendando y saboreando la tentativa del suicidio repentino. Nadie puede decir que no se quiso suicidar un domingo (o cualquier otro día de la semana, resumamos). No, igual esto no es el presente, esta no soy yo ahora sino yo hace unos cuantos años, años más oscuros, años que tal vez sí sean ahora, en otro plano ahora sigan sucediéndose una vez tras otra y yo, en este plano futurezco, las perciba con algún sexto sentido (octavo o noveno me resulta más factible) y por eso esté recurriendo a ellas sin saberlo. Definitivamente no soy yo, pero quizás esta que soy tampoco sea yo, tampoco sea nadie, tampoco esté acá frente a esta pantalla que me provoca miles de sensaciones distintas que si se reconocieran entre sí armarían una guerra civil incontenible y todo acabaría con esto, con la pantalla, con el cuaderno, con mis neuronas. No, no se entiende del todo. Lo que quiero decir es que no tenemos una puta certeza de nada, absolutamente nada. Y sin embargo...
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