
En tus sueños.
Tus caídas y la fuerza de tus brazos trepando nuevamente los árboles que llevan al cielo y al flotar placentero que te entregan las nubes. Y tu perfume adormecedor que en verdad es oxígeno y es el aire mismo que me mantiene con vida. Tu dormir suave que también es mi despertar. Sin dejar de mirarte un segundo, mirarte de verdad. En profundidad, desnudar tus miedos y tus certezas. Romper ese esquema motorizado que te limita y así, al fin ver con la fuerza que mantienen oculta mis ojos y más bien lo que reflejan que es mi alma toda entera buscando la calma que le da tu luz.
Si caes, volvés a trepar. Y es tan maravilloso verlo que no puedo hacer nada más, no quiero hacer nada más, ya no quiero oír más voces monótonas y esos ecos ensordecedores producidos por manchas, por otros ruidos, por el humo y la necedad. Aunque sí, también soy yo una necia. Una necia que no se permite la duda, la pregunta, la filosofía sobre lo que estoy viendo aquí y ahora que para mí es dogmático y, a riesgo de ir en contra de todo lo que siempre defendí, no puedo quebrarlo. Y no quiero hacerlo. Mi alma, a falta de memoria, tiene deseos, a falta de cuerpo, tiene luz. Y a falta de verte, no tendrá más nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
copos de azúcar