12.4.11

La eternidad que existe en los segundos que se van.
Y yo sigo aquí, bajo este cielo precioso y distante, arraigada al suelo fatigado e inmortal, errando por vagos caminos, espontánea y a la vez atormentada por la sospecha de un destino caprichoso que mueve los hilos en silencio.
Lo eterno de este momento que quizás ni siquiera está, con lo inútil que es determinar la existencia y la realidad, con lo paradójico que resulta utilizar las palabras para describir palabras que se asemejen a una idea previamente concebida y guardada en los recobecos del recuerdo, que no es más que otra palabra... otra idea reproducida, casi igual a lo que debe ser la verdad de dicha construcción cósmica (esté donde esté, en algún sitio debe estar, de algún sitio tuvo que salir). No quiero enredarme sino desenredar, lentamente, la telaraña de simulacros de pensamientos en búsqueda de un origen, de un punto de partida escondido tal vez en lo más profundo de mi centro, empañado por el sin fin de repeticiones ficcionarias y adaptadores tan superficiales como aferrados a su condición de virtudes y defectos, de características que más bien son límites impuestos al alcance de nuestra sensibilidad infinita.
Ingresar con sigiloso recelo entre los pliegues de un segundo tan tuyo como mío, desnudar cada factor del espacio en que se sucede este tiempo detenido indefinidamente en un punto inexacto de una línea que no está pero existe porque yo la estoy viendo, la estoy creando a partir de una nada entrelazada con los previos conceptos almacenados en lo que muchos llamarán memoria, conceptos con forma de cubo mágico que en cada color resguarda una mirada distinta, un enfoque nuevo y un tanto ancestral a la vez. Ambiguo quizás, pero no por eso impreciso.
Sumergida en ese mar de posibilidades diversas, nadando contenta observadora de los cambios y el proceso previo al instante del cambio físico que ejemplifica una decisión o una abstinencia de ella, construyendo ciudades inmensas en pequeños jardines, viviendo y muriendo tres veces al día (todo depende del factor humor, en el cual influye el factor clima, condicionado por el espacio y así la cadena sigue) y cuántas cosas más que podrían hacerse y se harán en su indebido momento.

Una vez dado este proceso, que más bien es un detrás de escena de lo que todos percibimos por imposición o por mera naturalidad como realidad dominante, se desmenuzará la firmeza de la estructura temporal en la que nos movemos (en línea recta, como peones de ajedrez que sueñan ser reinas). Quizás cueste volver, quizás nunca se vuelva del todo, quizás en este mismo momento esté perdida detrás de las cortinas que separan un mundo del otro y de los otros que habrá más allá, que se esconderán del alcance de la vista y el resto de los sentidos, que solo se podrá percibir con una fuerza del alma invisible y anacrónica, viajera perseverante y triunfadora por sobre las estipulaciones históricas excesivamente terrenales.
Después de todo, quizás la hegemonía del destino sea ilusoria y yo sea un tanto más escéptica de lo que creía..

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