23.3.11

La memoria


Fragmentos de una historia sin fin.
Sueños destruídos contra el pavimento, sangrando en las manos y los cuerpos.
Despierta, símbolo de lucha y de paz, de vida y de amor que todo lo cura.
Despierta, en la inmensidad de tu luz que un día quisieron apagar, en el núcleo de tu pueblo perdido que se levanta y pide más, que se levanta y con la frente alta pide por verdad.
Fue el privilegio individual, el lujo desmedido de unos pocos, fue esa pantalla siniestra, las manos que en vez de acariciar hirieron, el silencio y la falsedad de los hombres de gris opacando el color de las almas en su más instintiva y dulce libertad, en su voz que todo lo abarca y que jamás podrán callar.
Hoy se oye la fuerza exagerada de tu grito, de la profundidad de esa voz que es el fin y a la vez es comienzo, es la batalla que termina, es la luz que se enciende, la esperanza latente, el mirar altivo, el sol iluminando los ojos de un pueblo empañado.
Lo que ayer fueron las ruinas, el dolor, la represión, la mentira y la tortura de la oscuridad en plena luz del día, de esa oscuridad instalada y del horror de no poder escapar, de no poder gritar, de no poder soñar y dejar ser a través del viento la identidad que nos enorgullece, que nos fortalece. Lo que ayer fue, hoy ya no debe ser más.
Esta memoria que es recordar también es avanzar.
Es otra vez confiar, otra vez pensar, hablar, soñar, reír, llorar, amar, vivir cada segundo, vivirlo desde lo más profundo de la identidad del alma.
La memoria es libertad, son las cadenas rotas y el andar liviano pero fuerte, la verdad y la justicia, la defensa constante del derecho de vivir y de elegir, de andar y forjar un camino nuevo, de desprender la vida que nos ha sido dada por cada poro de la piel que nos pertenece toda entera, por cada risa, por cada encuentro, por cada entrega.
Nunca más mirar hacia otro lado, mirar hacia adentro o simplemente cegarse por el arte de la comodidad y del egoísmo atroz que nos autodestruye desde siempre. Nunca más la tortura del silencio y el dolor físico y espiritual. Nunca más la mentira como bandera nacional.

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