18.2.11

Diario de viaje (tardío o adelantado o inexorablemente oportuno)

13 - 02 - 2011
A dos días completos de regresar a la ciudad y con ella los lugares conocidos y las esquinas con sombra en verano y techos cuando llueve, sin buhos en los caminos ni polvo de estrellas en la noche mansa. Me despido así y cada verano, quién sabe este el último acá o en cualquier lugar, del campo inmenso y del cielo cercano por el arte de la ilusión o alguna otra hipótesis de mates en la playa y el sol que quema los sesos; de la noche caminando con un miedo asolador persiguiendo alguna parcela iluminada artificialmente (gran triunfo haber llegado sin correr ni agitarse tanto). Y vuelvo a una tecnología que cada vez es más densa y estúpida como todo lo que no veo en el porvenir, quizás porque estoy creciendo o quizás y más probablemente porque siempre fue así y yo recién estoy saliendo de un cascarón polvoriento, al sol de la terraza y los mates lavados, el café de filtro recalentado y Simona que se esconde de Oliver entre las máquinas apiladas en el garage o lo que sea que siempre hay en el garage. Y a los días previos a la escuela, por última vez esta (vez) . Ese zoológico infame, desesperanzador, vuelvo después de volver y con la cabeza menos hueca y más paciente, más tolerante o al menos eso creo hoy. Ah! ¿Qué será de este último año de colegiala sin refugio, enfrentada cara a cara con el tiempo perdido y las peleas por inercia? que casi ya ni eso hay, ni mero entretenimiento, ni banalidad, días de frío o calor y palabras que no dirán mucho, que llenarán el vacío pero nunca del todo y quedarán flotando sin encontrar un hogar ni un eco, que nos harán ficcionariamente (en el fondo todos sabiendo muy bien la verdad pero tan ensimismados en nuestros papeles) sentir que somos parte de algo que pronto no va a estar más y que hay que disfrutar y que hay que extrañar y siempre hay que hacer algo que no se razona pero nadie lo piensa porque no se razona y así. ¿Qué supe aprender hasta ahora de la escuela secundaria? Seguro no gran cosa, y aca avanza mi yo siempre tan negativo y alejado de las tradiciones y lo convencional porque desde muy chica que quiero terminar y planeo y analizo, para empezar a vivir y aprender y ser finalmente, ser. Que a mi no me callan esas falsas educadoras ni los consejos de egresados que repiten como un mal disco rayado algo así como "disfrutá, es la mejor etapa, después vas a querer volver" (grandes conocedores de la esencia, sal, poción secreta de la vida misma). Ahora que lo pienso no me acuerdo bien de cómo analizar una oración, ni clasificar una poesía ni de tantas otras cosas que no supe o no quise interiorizar semi adormecida en mi banco todo autografiado que es lo más remotamente cercano al arte que encontré, deseando disolverme entre las rejas de la ventana o simplemente escapar de allí al trote lento, dotada de invisibilidad. Y si me acuerdo de la contrariedad de los conceptos y de esa manía de las instituciones y del hombre institucional por encerrar todo en conceptos, en cajitas pequeñas de acero inoxidable aisladas una de otra y uno tras otro y de memoria y otra vez, intentando que una identidad salga de un chip de consejos pre fabricados y de memoria y otra vez aprenderte de memoria y repetir sin preguntar y sin soplar la presidencia de Roca, de Urquiza, de Sarmiento y qué grande que fue! gloria y loor! honra sin par! fue tan grande que mandó a matar a los bárbaros inverbes indecentes asquerosos que poblaban nuestra patria y nos regalaron todos juntitos y de la mano esta civilización de mierda que nada tiene de antónima a la propia barbarie pero cómo no le vamos a tener un himno especial preparado para él? y para cantarle entre risas en los actos, para rendirle homenaje al gran hijo de puta como a tantos otros hijos de puta pero después una profesora resignada con una cruz que le brilla en en el medio de las tetas o en el corazón o en donde sea te enseña y te explica y te mete el chip y se enoja y se va y no se traten mal porque todos somos iguales, pero claro ! rindámosle homenaje a los grandes racistas fascistas clasistas fundamentalistas y forros hipócritas del mundo, pero a la vez seamos puros, seamos católicos y políticamente correctos y hablemos de política de 1810 pero jamás de lo que pasa en nuestras narices frías porque qué van a poder pensar ni cambiar ni elegir ni vivir ustedes? ya no hay ideales, no chicos, no hablemos de sexo ni de fumar opio en una montaña porque eso no construye una sociedad que cada vez va viendo más lejana la revolución y la equidad y la libertad y la verdad y el pensar y pensar, aca nadie te enseña a pensar y nadie te enseña a elegir y te persiguen como a un perro para que estudies de memoria tres párrafos de mierda en los que quieren encerrar otra vez la vida y los momentos y los viajes cósmicos y los pensamientos mezclados con sentimientos o que son la misma cosa para el adulto y la mar en coche, mejor conseguir un empleo en una pizzería y juntarte los sábados a ver el partido y después ir a votar porque los ciudadanos debemos votar pero sin saber bien a quién (o si, sabiendo, pero jamás esperes salir de la secundaria sabiendo) y llamar a la policía a mano dura y nariz empolvada cuando hay peligro y mirar para otro lado cuando alguien se caga de hambre y naturalizar, volver tan cotidiano y tan insensibele el hecho de ver (sin ver realmente nada, lo mismo que podría ver un ciego o un vendado jugando al gallito ciego sin hacer trampa) a un nene pidiendo comida en el tren y no darle nada por que "todos están así porque quieren" (siempre los demás están así porque quieren pero nunca nosotros mismos, no, nosotros estamos así porque la vida es injusta, malvada, cruel y porque porque porque) y mirarnos el propio culo todo el día a todas horas, lo que extrañamos, lo que deseamos, lo que añoramos y sobretodo lo que no tenemos y que tienen los demás (para eso si miramos a los demás, pero nunca para ver lo que muchisimos no tienen y nosotros sí, nunca mirar al costado a los que no tienen sino verlos hacia abajo para así sentir que estás más cerca de los empresarios, de los ignorantes empresarios sentados en su sillón de terciopelo con un martini seco y un monito pelándose una banana y cantando el arrorró en el cerebro maní de bar de mala muerte, pensando en culos tetas culos tetas y algún que otro empleaducho que se robó dos mangos y "que seguro no tiene para comer y si para comprarse la droga, las zapatillas" empastandote pero con clase y repitiendo siempre el mismo discurso de la clase alta y de la clase media y remarcando bien los límites y siempre es lo mismo, callarse y acatar ordenes del mismo empresario que después se va en Mercedes benz con vidrios y ojos polarizados, y que ojalá algún día la vida por fin sea justa y se apiade de todos nosotros conocedores del sujeto y el predicado y del himno a Sarmiento y lleguemos a esa ceguera que posee el empresario y esos millones y esa buena vida que en realidad es la mierda misma en la que nos revolcamos, es el capitalismo y la burocracia, los snobs creyendose filósofos, la hipocresía de la libertad individual, del antirracismo de salón y de los discursos para dormir bien de noche por decir algo) pero que no se te ocurra pensar de verdad y seguí así que vas bien, siempre de memoria y el chip y de memoria y bla bla bla, me escapo por la ventana, me rio de un escupitajo en la pared. Y prefiero no escuchar para no odiar porque en el fondo y no tan en el fondo sé que odio esto, odio reproducir, odio no entender por qué me enseñan lo que sé y todos sabemos que debe cambiar pero no proponiendo el cambio ni la crítica ni el mero asombro sino como si todo fuera a quedar para siempre así, monótono, repetitivo, estancado, instalado.
Mi identidad no sé de donde la saqué pero no de la escuela, no señor, acá otra vez (y ya venía muy así) yo tan emocional e irritada y me pierdo en detalles sin importancia tales como los cafés con siete cucharadas de azúcar y querer seguir durmiendo y las discusiones en el curso por apagar o encender el ventilador. Tengo suerte de no haber elegido un colegio religioso ni muy grande ni muy complejo. Mi colegio no es muy nada, a decir verdad, es un espacio pequeño y despoblado, con paredes de color celeste comisaría y azulejos con cuadritos muy comunes que no le recuerdan a uno nada importante además del hecho de que son azulejos; en invierno entra el viento por todos lados y en verano la chomba se siente como un abrigo de lana sobre la piel transpirada y ni hablar de los días de lluvia en los que esquivamos sin gracia arroyos enanos en el patio y de vez en cuando cae una gota del techo a la nariz que nos despabila un poco. A veces o siempre tengo la extraña certeza y no es muy de la nada ya que tiene su fundamentación apreciativa, de que los seres de mi colegio van a quedar allí de por vida, inmortales como si fueran parte de una foto vieja, ah! mi colegio, un albergue ilimitado de inquietantes personajes de fábula sin moraleja, tan simples como temibles, que más de una vez me hicieron preguntarme con horror y casi en crisis si el resto de las personas sería igual y me terminé siempre por consolar con la verdad y luego a ver todo con otros ojos, ojos de madre resignada y a veces una luz de cambio y no, falsa alarma, resignación, desistir y quién me creo yo para esperar o desear o cambiar u objetar algo. Y tanto chisme que corretea por los pasillos, depósitos de complejos irreparables deambulando de aquí a allá y de vuelta siempre de dónde salieron, como un boomerang en la city mi amor y una chica con risa de caballo afónico que canta esos temas en los recreos, tantos clichés y tantos recuerdos y tanto amor del infante e inocencia y querer ser distinto sin saber por dónde empezar y se empieza por donde termina lo que no nos interesa o a mi no me interesó nunca. Quisiera terminar ahora mismo y hacer tantas otras cosas que no sean hablar en la escuela y sentirte siempre tan malinterpretado o encasillado y hablar de la escuela y querer arrancarte la lengua porque cuando te escuchás sentís el horror de estar hablando porquerías y de que la vida no es eso, la sal de la vida no es eso, la ignorancia no, no señor, no es la ignorancia la felicidad y yo me niego rotundamente a que así sea y si la felicidad es lo que es no la quiero, quiero saber y conocer y ser infeliz o incluso suicidarme pero sabiendo y conociendo y eligiendo y no en la escuela ni hablando de ella e invocandola como una idiota viviendo en un pasado chato y sin profundidad, pero vestime despacio que estoy apurado, calma, despacio, tiempo muerto.
De cualquier modo, ahora estoy por volver a casa y al ocio pero el ocio de la ciudad, a mi desorden (que lo llevo a donde voy pero se siente más a gusto en su libertad hogareña), a mi ventanal, a mi canto en las tarde mañana mediodías y noches, a los vecinos, al kiosko de Mary, a la parada del 161. A tener más cerca a todo y todos y que la relevancia mínima pese como un adoquín en el dedo chiquito del pie, a leer apurada investigando todo porque así soy y eso es lo que quiero cambiar (nada tiene que ver, nada) y sin hacer gran cosa.
Y un 10 de Marzo, salvo que cambie la fecha por los días de Carnaval como me repitió tantas veces mi abuela, volveré sin dormir (nunca se duerme el primer día de clases) y eufórica en consecuencia al colegio y sus colores estáticos, tostada, sonriente, un loro parlanchín y un poco fuera de lugar como muchas veces pero un poco menos por ser el primer día y extrañar un poco todo y a todos.

-Hoy solo faltan horas para volver y la gran mayoría pasarán rápido debido al sueño y las telenovelas en familia, charlas sobre las logias enfrentadas con la iglesia y el Código Da vinci y explicaciones de las tierras prometidas y de los elegidos por un dios humano o algo así (tenía sueño, no escuchaba del todo). Escuchando BBK Oh I cant find kitty oh i cant find kitty oh no oh oh.. uh ah y la pastafrola que me como los bordes y el café con leche porque no hay capuccino carajo.

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