Por todo lo que haga, siempre una queja como respuesta. Hace rato que aprendí que la perfección no existe.
Me dejaste porque tengo un problema. Me dejaste. Ni preguntaste.
Gracias por el fuego, gracias por las cenizas. Todo sirve, ¿sabés? Todo me hace bien si yo quiero que así sea.
Y yo me quedo con lo mejor porque de lo peor ya me olvidé. Mal de parkinson, alzheimer, ese tipo de cosas que ni sé escribir ni me importa. Pero mi problema es otro y vos lo sabés. Te lo inventaste al caer la noche. Tengo tantas historias para contar pero a quién, cómo, cuándo. Hablan de tantas cosas, hablan por hablar.
Basta con la pose de abstraída, no se la cree ni dios si eso existiera.
Estás prestando atención a todo, a todos. Y te perturban, te torturan. Los robots. Los sinalma. Las almejasvacías. El silencio.
Hablan y hay silencio.
Sólo eso.
Nada más que eso.
¿Qué mierda puedo sacar yo de eso? ¿Qué mierda puedo entender?
Vas por la calle y la gente te habla sin conocerte. Se creen todos salvadores y no pueden ni ponerla ni que se las pongan un poquito. Si fuera así se callarían en vez de meterse en donde nadie los necesita. No necesito, ¿entienden? No necesito palabras al azar. Métanselas por donde les entre.
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