23.12.11

Deseos desesperados de estar anesteciada en una cama por muchos años. ¿Qué clase de anhelos para el futuro son esos? ¿Estoy jugando todavía o ya perdí? Tal vez nací perdedora. Tal vez nunca vuelva a tocar algo tan suave como la verdad. Si de verdad me encuentro vencida, háganme un último favor y saquen mi cuerpo dañado del piso. Que lo usen o lo quemen, a mí me importa poco. Me llaman egoísta porque no soy capaz de trepar las paredes y ver el sol. Más tarde podré reírme de todo esto, todo será polvo. Los ojos, la boca, las manos...
Sólo veo las sombras de lo que deben ser en aquella realidad los seres aquí presentes. Probablemente estén sonriendo; yo los veo llorar. Probablemente estén vivos; yo los siento agonizar. ¿Por qué esta vez la tristeza en vez de ocultarme me desnuda? Solía confiar en ella, solía creer que era lo único incondicional en mi vida. Ahora tengo frío y estoy asustada. Desnuda ante los ojos asesinos, esperando una sentencia demorada y esquiva. ¿Qué hago despierta? ¿Acaso lo estoy? Quisiera existir en mis sueños, mover mis temblorosas manos y alcanzar la dulzura que se burla de mí. Quisiera nadar en el agua de la boca que ya no sonríe. En cambio, estoy atada de pies y manos mirando entre nubes de lluvia la película de la vida que no fue.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

copos de azúcar