10.12.11

Al menos alguien respira en el interior de la cueva.
Respira y llora en silencio. No pretendo salir de esta habitación y sin embargo me estoy yendo, intentando vencer al tiempo en un acto suicida. ¿Cómo pueden seguir pasando los días? ¿Cómo puedo seguir yo acá sin el rescate de sus besos?
Estoy asustada, todo se mueve demasiado rápido. De repente ya soy una persona y nada de lo que haga me hará cambiar. Es mi esencia, son mis deseos. No puedo negarlos, no puedo anularme. No tengo control, soy la mentira y soy el miedo. Todo lo que hice desde que nací, cada palabra, cada gesto... todo fue por miedo. Miedo a existir un día más en la oscuridad. Miedo a conocer la belleza del mundo y perderla para siempre. Y dentro de mí hay una perla dormida que espera. Amanecer ya no es despertar, hablar ya no es comunicar. No puedo estar conciente y tolerar cada segundo aplastándome contra el suelo frío. El miedo a que todo el mundo lo pueda ver... Y la certeza cuando mi cuerpo se duerme y dejo de tener el mínimo control: en verdad lo saben, lo ven, lo debaten a mis espaldas. Todos saben que me muero, que me pierdo en las noches y los días, que no sirvo para nada en realidad. ¿Quién podría confiar en esta brisa de aire viciado? ¿ Quién podría acercarse y dejarse matar?
Todo esto va a terminar mal, muy pronto va a terminar mal o quizás el sol y las cosquillas otra vez.

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