9.11.11

Me sorprenden aquellos instantes en los que siento lograr una especie de intercambio comunicacional con otro ser humano. Son raros los momentos en los que me detengo a prestar verdadera atención a sus palabras, las que en general siento hostiles y disparadas al azar contra el indefenso lugar que ocupo. Debo parecer una hipócrita, puesto que soy irrespetuosa y poco simpática, no parezco indefensa, no parezco inocente. A veces pienso tanto en lo que me gustaría hacer saber sobre mí, que termino perdiéndome en un silencio que curiosamente me describe a la perfección. Soy un gran espacio en blanco, soy imágenes que sueño de mi misma, soy melodías aún no inventadas, viajes al espacio, polvo bajo la cama. No me reconozco en lo que digo y es todo lo que tengo. Un gran libro firmado por el monstruo desconocido que habita en mí de manera esporádica pero incuestionable.
Desconfío, analizo y termino por rechazar las ilusiones al respecto de...
Mi negatividad extrema me está transformando en un ser opaco y, aunque nunca fue algo que me preocupara demasiado, quisiera permitir el paso de la luz en estos días en particular.
Las mañanas comienzan mal, hay algo que no está funcionando en mi relación peculiar con la rutina. Siempre me creí dependiente de las rutinas, los planes, las confirmaciones; y ahora me encuentro ahogada, queriendo adelantar o detener el tiempo por motivos que me avergüenza detallar. Al menos puedo llorar y quedarme callada por largo rato, escuchando lejanos los maravillosos deseos ajenos. Siento a mi alma apunto de estallar al saber que la vida existe después de todo, que no todo es oscuridad. En otros seres hay vida, hay comienzos y hay finales; y yo que ya no amanezco sino que me desvanezco en el profundo y solitario río de mi desconfianza. Quisiera ser todos ellos a la vez, repartirme por sus vidas, a cada hora transformarme en una persona distinta a la anterior y así transitar el mundo fresca y renovada, sin la pesadez de las elecciones que me torturan en estos momentos. Voy a ser siempre yo: no importa cuánto haga para evitarlo, seguiré siendo yo. Sin importar mi disfraz y mi maquillaje, ni mi satírico jugar a las escondidas en soledad, ni mis lágrimas ni mis deseos de finales abiertos. Seré yo. Todos los días de mi vida lo seré y me padeceré como una enfermedad que por momentos necesito conservar dentro mío para saberme ocupando un lugar. ¿Quién soy yo sin cuestionar lo incuestionable? ¿Quién soy yo sin estar triste? Desconfío de la tristeza. La pongo a prueba a cada momento y me decepciona, ni siquiera a ella me es posible entregarme por completo. "Sos triste porque tenés miedo". Algo tan pequeño y tan... Hay gente que posee esas palabras.
Me encuentro creyéndome más viva que muerta. Sonriendo, por momentos llorando. ¿Desde cuándo? ¿Algo di a luz en mí o es la versión con vida de mí misma que recién ahora tiene el valor de asomarse fuera del cascarón? Aún así, todo esto me pone mucho más irritable e iracunda. No estoy conforme con las respuestas que el inocente mundo le proporciona a mis descabelladas preguntas agresivas, tampoco me hace bien esta aparente traducción siniestra y automática que realiza mi cerebro cada vez que alguien me comunica algo. Todo lo transformo en filosas navajas y flores de plástico malgastado. Me siento un volcán a punto de estallar, me siento un ser violento aunque evidentemente débil. "Pero el amor, esa palabra..."

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