2.5.11

Las ideas en orden, las preguntas mudas, las armas cargadas y así, todos seguimos así. Encadenados, así. Y todo parece funcionar, parece ir directo hacía el paraíso prometido, algún espacio vacío donde el tiempo no corra y donde podamos descansar, donde ya no existan (que fácil es determinar la existencialidad de lo que en realidad no existe, porque nada existe) las obligaciones y las mentiras, donde las caras sean caras, las palabras palabras y no haya oscuridad. Pero la hay, siempre la hay. Gobernando en silencio el gran ojo regulador de la oscuridad, de la maldita mentira más grande y negra que en verdad soy yo, siempre soy yo.
Definitivamente, algo anda muy mal.

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